Los japoneses I

La cultura japonesa es radicalmente diferente a la nuestra. Son herederos del bushido, o camino del guerrero, y sus premisas de dignidad y honor condicionan sobremanera su forma de actuar y de vivir en sociedad.

Trato con los clientes

Nada más bajar del avión empiezas a notar las primeras diferencias. La compañía aérea dispone de varios empleados asistiendo a los viajeros, pero llama la atención uno de ellos en la salida de la pasarela. Su única función es hacer una reverencia y decir a cada cliente que sale “gracias por viajar con nosotros”.

El trato a los clientes siempre es exquisito, muchas veces protocolario. En una sociedad tan consumista y masificada todo debe estar preparado al detalle para atraer clientes. Pero no sólo se trata de eso; la satisfacción del cliente es lo primero, debido a que de ella depende el honor del vendedor y su negocio. La honradez y el respeto de los japoneses llega hasta tal punto que muchos te llevarán hasta la puerta del negocio de enfrente si consideran que allí te prestarán un servicio mejor.

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Respeto a la propiedad

Los japoneses no roban, es algo muy enraizado en su cultura. Según nos contaron, el sintoísmo entiende que cada pertenencia de una persona lleva consigo parte de su alma, de modo que robar implicaría llevarse un trocito del ser de otra persona. Además, la honradez extrema de los japoneses hace muy raros este tipo de delitos. Pocos países habrá tan seguros para viajar.

Gracias a esto puedes disfrutar de curiosas estampas en el mismo centro de Tokio, donde los domingos se cortan algunas calles y la gente aprovecha para salir a correr. Atónitos nos quedamos cuando vimos que muchos corredores dejaban despreocupadamente en bancos todas sus pertenencias, botellas, jerseys, carteras, mochilas…

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Esta misma filosofía se aprecia en las tiendas, supermercados y grandes almacenes. Nadie espera que alguien vaya a marcharse sin pagar, de modo que no es habitual ver cajas registradoras alineadas que separen los espacios como vemos aquí en los supermercados de centros comerciales, ni detectores de códigos que piten si sales con algún artículo. Las tiendas se siguen unas a las otras en un espacio continuo, como si pertenecieran todas a un corte inglés.

Los niveles de lenguaje de los japoneses

Como muy bien explica Kirai en su libro, es difícil saber si le caes mal a un japonés. En sus relaciones sociales, los japoneses son extremadamente cordiales, evitan al máximo los conflictos. Sólo hay ciertos espacios y momentos en los que el verdadero yo puede aflorar, normalmente acompañado por el alcohol. Aunque en nuestra cultura occidental todo esto lo veamos como algo negativo, de hipócritas, para ellos es algo que está más que bien visto; saber utilizar bien los distintos niveles de lenguaje es una gran virtud. Quizá sea uno de los puntos más negativos que veo a su cultura, porque el trato se vuelve un poco artificial. Además, con tanto miedo a la confrontación, los cambios sociales tardan mucho en llegar, y en consecuencia, también la evolución.

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Sumimasen es una de las palabras que más se repite en las conversaciones. Significa “lo siento”. A pesar de que no parece el término más adecuado se usa profusamente en cualquier contexto, por eso es muy fácil oír sumimasen varias veces en una conversación de unos pocos minutos.

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