Localización en interiores, realidad aumentada, privacidad y otras metáforas

Mi proyecto de fin de carrera trató sobre la localización en interiores vía móvil. En el año 2007 los móviles apuntaban maneras de smartphones, aunque el primer iphone todavía tardaría en cruzar el charco. Predominaban por fin los terminales con ciertas capacidades gráficas y se veía más gente jugando al puzzle bubble que a la serpiente en el metro. Algunos móviles incluían ya conexiones NFC y se empezaba a hablar de convertirlos en tarjetas de crédito.

Desde entonces me entretengo leyendo todo aquello que cae en mis manos sobre el tema, como este artículo de webdistortion. En él hablan del proyecto de investigación sobre realidad aumentada de Google, Glass y de cómo la localización en interiores parece el siguiente paso natural para este producto, mientras mencionan una interesante innovación capaz de generar mapas de interiores gracias al campo magnético de la tierra.

Sobre el proyecto glass tengo sensaciones encontradas. Me maravilla el salto cualitativo que dan en la evolución tecnológica y las infinitas posibilidades que el tandem información-posición puede ofrecerte: qué lugares cercanos pueden proporcionarte aquello que necesitas, información pública sobre las personas que te rodean, noticias en tiempo real… todo además servido en los cristales de unas lentes. En definitiva, es un alarde tecnológico increíble, al nivel que se esperaría de la marca del buscador.

Pero como siempre las luces más brillantes son las que tienen las sombras más intensas. Google se convierte en ese gran hermano que lo sabe todo de tí, y la información es poder. No sólo se trata de que pueda, en un momento dado, recomendarte ir a un lugar y no a otro en función de sus propios intereses, ni de que te muestre anuncios acordes a los datos que posee sobre tí, ni de algo tan abstracto como la privacidad. Se trata de que cuánto más sabe de tí más fácil le resulta manipularte.

Google, al igual que Facebook están convirtiendo las redes sociales en un gran experimento sociológico, infiriendo patrones de comportamiento a partir de nuestra actividad en ellas. Hay que tener en cuenta estas marcas no son hermanitas de la caridad sino empresas privadas que buscan maximizar beneficios y ya han demostrado en su historia que no son especialmente éticas (por ejemplo Facebook intentó que se mostraran públicamente contenidos privados de los usuarios y se descubrió que google recopilaba macs con su street view car).

Lo preocupante es que estos gigantes tecnológicos continúan recopilando y analizando toda esa información que les proporcionamos, con lo que cada vez tienen mayor poder y mayor capacidad de crear opinión, consiguiendo que al final acabemos pensando lo que ellos quieren que pensemos.

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